FINAL FELIZ
Me dijeron que todas mis historias terminan con finales trágicos, así que hoy vengo dispuesta a entregarles un final feliz.
Pues bien, érase una vez una mujer de lo más fea…
-Ya sé lo que están pensando, que siendo una mujer fea no existen posibles finales felices para ella, porque la sociedad sólo premia la belleza hegemónica y privilegiada. Pero démosle una oportunidad, sigamos leyendo por favor.
Esa mujer era poco agraciada, neurótica, tóxica y un poco celosa, una verdadera hija de la chingada.
-De acuerdo, estoy haciendo mi mejor esfuerzo pero las cosas en este relato se siguen torciendo, tenemos una protagonista fea y además tóxica, ni como ayudarla, llamémosla Clotilde y veamos a dónde nos lleva su historia.
Clotilde se ganó la lotería, si, porque tenía ese tipo de suerte envidiable con la que nacen los feos. Recordemos que Dios aprieta pero jamás ahorca, por eso diseñó algunos feos afortunados, para que nadie se queje y le sigan rezando.
Fue a reclamar su premio mostrando un boleto arrugado y mugroso que había guardado en la bolsa trasera del pantalón, aún así se lo hicieron válido y al día siguiente Clotilde era millonaria.
-Hasta aquí vamos bien ¿cierto? Clo ya es una mujer rica, tóxica, pero rica. Todo apunta a que tendremos un final feliz, bravo, continuemos.
Lo primero que hizo fue tunearse y volverse presumida, cambió de casa y de amigas. Se puso chichis de silicón y nalgas de centauro. Se inyectó botox, se colocó extensiones de cabello hasta la cintura. Se compró una carita nueva con nariz respingada y labios de chupanalgas. Clo dejó de ser hija de Dios para convertirse en hija predilecta de su cirujano plástico, ahora comulgaba cantidades industriales de ácido hialurónico y se encomendaba únicamente al Dios del bisturí.
La “new rich” de la Clotilde comenzó a tener “first world problems” y en una de sus clases de Pilates se contracturó el cuello, ajá, ese fue su primer problema de señora privilegiada, una contractura en el cuello que no la dejaba dormir.
Contrató a un masajista para resolverlo. Pidió que se llamara Roberto y que estuviera de buen ver. Roberto llegó y a partir de ese día ya no se fue, la masajeó todos los días a todas horas en todo lugar, por todos los rincones de la gran mansión se oían risitas y gemidos ante la mirada incómoda de sus empleadas domésticas.
Clotilde entonces, recibió todos los días masajito con final feliz del guapo de Roberto. FIN.
-Esperen, esperen, esperen, quisiera terminar aquí, con un final orgásmicamente feliz pero estoy recibiendo una notificación en tiempo real… un momento, les tengo noticias.
Roberto la engaña. Tiene otra y ella recién se ha enterado porque el ama de llaves ha corrido el chisme de que encontró una tanga de encaje debajo de la cama del señor.
Roberto, sin saber la que le espera, planea irse de viaje ese día, está por salir con una maleta: “Regreso el domingo bebé”.
“Bebé mis huevos” estalla Clotilde, que en ese momento le reclama, lo cachetea, lo confronta con la tanga de Victoria´s Secret en la mano.
Roberto la empuja “Suéltame perra” le dice. Y corre hacia el auto con la maleta, pero ella lo persigue y lo araña, él logra zafarse otra vez, ella insiste, él abre la cajuela, pero lo que mete adentro no es la maleta, mete a Clotilde por escandalosa y la encierra en el maletero. Ella entra en pánico.
Roberto se sube en el asiento del conductor con la maleta que pesa un montón porque ajá, lleva todo lo que ha vaciado de la caja fuerte: joyas, documentos, dinero en efectivo. Ella va gritando y golpeteando en la cajuela “Sácame de aquí inútil, mantenido hijo de puta” “Cállate loca” dice Roberto y acelera el auto hasta llegar al tope de un acantilado donde frena con un rechinido, lleno de sudor y confusión.
-¿Qué hacemos ahora querido lector? ¿la salvamos? ¿la matamos? veamos qué hace Roberto, no sé qué tan enojado esté.
Roberto está fúrico “Pinche ruca fea” piensa, porque debajo de tanto plástico se le nota que algún día fue fea. Se queda cavilando con el auto encendido, piensa lo fácil que sería bajarse y dejarlo ir pendiente abajo para que se estrelle en el acantilado con aquella loca dentro, quien por cierto no deja de amenazarlo. “Pendejo”!!!!!
-Nuestro Roberto se debate entre el bien y el mal, nos tiene en ascuas. Ya Roberto, decide por favor.
Se decide por el camino del bien, se irá sólo con lo robado pero la dejará ahí encerrada en la cajuela hasta que alguien venga por ella, solo como escarmiento por tóxica. En ese momento le entra una llamada, se baja del auto para tener mejor señal y contesta con monosílabos “si” “no” “ajá” “mj” “ok” “bye”.
Cuando voltea, el auto ya no está porque ha seguido las leyes de la física, el auto es el que ha decidido el final de nuestra historia y se ha ido a despedazar al fondo de un acantilado con todo y la pobre de Clotilde adentro. Roberto se pone descolorido, piensa rápido y huye, corre hacia la carretera y pide raite al primer camión guajolotero que lo levanta con todo y maleta.
-Ok ok, no nos podemos quejar, esta historia al menos tiene un final feliz ¿no? el de Roberto y el botín robado. Oh, esperen, tengo otra notificación. Más buenas noticias, no se angustien.
Clotilde, sobrevivió, solo se le ponchó una chichi y tiene algunos moretones y varios millones menos en el banco. Ah, y cabe aclarar que la tanga, la tanga era de Roberto.
Ahora si: FIN
¿No era el final feliz que esperaban? yo tampoco, ni yo misma sé qué pasó, pero toca aceptar que esos finales solo ocurren en Disney porque aquí en mi universo bizarro no mi cielas.



La vida no siempre se trata de finales felices. Al menos diste felicidad a algunos.
Jajajaja, pues si fue un final feliz! 😅