KAMIKAZE
El día que me lancé del puente el mundo siguió su curso tranquilamente, no aparecí en las noticias ni me volví viral. Mi muerte pasó desapercibida como la de tantos otros, solo fui una loca suicida.
Pero todo lo hice por amor.
Atravesaba por una temporada pesada, normal para mi desde hacía años: desayunaba depresión y pocos huevos, comía y regurgitaba pensamientos intrusivos, cenaba rabia, a veces la vomitaba.
Lo conocí en el chat para solteros, ya, no me juzguen, a esta edad y con algunos kilos encima fue mi única opción. Sólo quería amar y ser amada, no terminar muerta en un canal, pero las cosas se salieron de control.
Fue un hombre demasiado encantador para ser verdad, y eso debió haber sido suficiente para salir corriendo, pero me quedé embobada con su acento, con su seguridad, con su manera de conquistarme. Nunca me dejó verlo, jamás me enseñó su cara, segundo motivo para salir corriendo, pero le prometí a mi psicóloga que trabajaría en ser paciente, así que esperé lo que nunca ocurrió: tener al menos una puta cita decente con él, quien por cierto vivía a kilómetros de distancia.
Me bebí cada frase suya con la convicción de quien quiere creerse todos los cuentos de hadas porque la vida real le parece insufrible. Me tragué sus palabras con devoción y sin filtro, sustituyendo los antidepresivos por una dosis de su verbo cada día.
(Audio) “Baby, necesito que me hagas un favor” (inserte emoji de manitas juntas)
(Audio) “El que quieras bebé” (inserte emoji con ojitos de corazón)
(Audio) “Te llevarán una mochila a tu casa, es para un amigo, solo tienes que ir al Restaurante Las Flores el día de las elecciones a las 11:00 am y esperarlo en la terraza. Se llama Ray, él te busca. Por favor no la abras, no es nada importante pero no quiero que se maltrate”
Me sentí importante, ¡JA! tremenda estúpida. Horas más tarde me entregaron la mochila y me senté en la cama a esperar que fueran las once para la cita con el tal Ray.
Dicen que la curiosidad mató al gato, y así fue amigos.
La mochila me hizo ojitos ¿qué podría contener? ¿tenis, libros, un consolador? la abrí poquito y vi cables. La abrí otro poco, había más cables de colores, un olor extraño y un relojito digital que marcaba el tiempo en retroceso: Faltaban 35 minutos…
¿Para qué?
Luego los cables que se conectaron fueron los de mi cabeza y empecé a rebobinar: me había enamorado de un desconocido en un chat para solteros (o gente sola y vulnerable como yo), un extranjero que a lo mucho me había mandado una foto borrosa de su gato (o de cualquier gato), era día de elecciones y yo iba a realizar una entrega misteriosa en el restaurante más céntrico de la ciudad con una mochila que contenía una ¿bomba?
No sentí las piernas ni la cabeza por un rato, intentando procesar ¿QUÉ? pero él era mi bebé, mi amante con acento exótico, no…no podía…pero si, sí pudo.
¿POR QUÉ? 20 minutos.
Me cagué (literalmente) fui al baño a vaciar los intestinos porque me vino tremenda diarrea. 15 minutos.
Pude haber llamado a la policía, pude haber hecho tantas cosas, pero ya venía haciendo bastantes estupideces desde hacía ya vario tiempo. Qué más daba cerrar con broche de oro mi ciclo de pendejez. 10 minutos.
Él me había regalado los mejores días de mi vida. Yo sabía que la psicóloga ya no estaba logrando ayudarme, que los antidepresivos ya no funcionaban a menos que fueran dosis industriales. Mi gato había muerto hace unas semanas, era yo una mujer sola, entrada en años, con kilos de más e ilusiones de menos. Se me ocurrió que podía darle un sentido altruista a mi último día sobre la tierra salvando las elecciones. Tal vez después de muerta saliera en las revistas, tuviera mis cinco minutos de fama y un homenaje póstumo para una mujer que en vida no logró una mierda. 5 minutos.
Decidí sin pensarlo. Tomé la mochila y salí a la calle. Corrí al puente más cercano, allá donde a veces iba a alimentar a los patos cuando me sentía sola. 2 minutos.
Tomé la piedra más pesada que encontré, me la amarré en el abdomen. Con la mochila atrás y la piedra delante parecía una hamburguesa, un antojito suicida. 30 segundos.
Trepé al barandal. Se me atoraron las agujetas. 10 segundos.
Pensé una última vez en él. “Serás pendeja, imbécil, estúpida toda estúpida”
5 segundos.
En un acto heroico dejé que la gravedad hiciera lo suyo y que el peso de aquella piedra me hundiera, dentro de poco mi cuerpo explotaría como palomita en medio de aquel lago tan hermoso, no me quejo, fue original mi manera de morir. Me hundí, me hundí hasta que me abrazó la inconsciencia y fui hasta la luz. Adiós amor, voy a extrañarte.
EPÍLOGO:
Una lucecita parpadea en el celular que ella dejó en la cama, es un mensaje d su novio misterioso de acento exótico:
Amor, eres una linda, Ray debe estar por llegar al restaurante, por favor dale este mensaje de mi parte:
(Audio) “Ray, hermano, te mando el despertador digital que te prometí para tu cumpleaños, espero te guste, viene desarmado pero sé que lograrás acomodarlo, un fuerte abrazo”
El texto viene acompañado de una foto del fulano donde nos muestra (por fin) su cara sonriente mientras hace la seña de la victoria con los dedos. “TQM-BB te marco más tarde (inserte emoji de corazones)”



Wow! Increíble historia. Me dio pena al final. A veces cuando los mensajes no son claros los podemos malinterpretar y tomamos decisiones drásticas. Simplemente debemos preguntar y ya.
Esa chica necesitaba una excusa para darle sentido a su existencia, aunque fuese con su muerte.
10/10.