VAMPIRESA
“Tengo hambre” pensé mientras veía el último capítulo de Sex & the city por décima ocasión: aburrido pero predecible, había días en los que mis niveles de ansiedad solo me permitían ver este tipo de cosas donde prácticamente yo replicaba de memoria los diálogos. Saber lo que iba a pasar hasta el final me mantenía en cierta calma.
Llevaba días en una nueva crisis: sin salir, sin bañarme, desesperada, arañando las paredes hasta que me sangraban los dedos, a veces me daba por chuparlos y saborear mi propia sangre “¿Todas las sangres sabrán igual?” me pregunté un día.
“Tengo hambre,
pero también tengo sueño” los infomerciales me arrullaron, me dormí sin darme cuenta de que ella me observaba fijamente mientras entraba por la ventana, ella…
mi gatita Poke, que hoy se encontraba particularmente inquieta y para tranquilizarse vino a ronronear y a dormirse encima mío.
Pasé la noche sin siquiera desvestirme, abrazada a Poke, enterrada bajo una pila de cojines cuyo peso me hacía sentir segura.
Desperté “Tengo hambre,
pero también tengo hueva” hoy no pensaba ir a trabajar, me había reportado en estado inconveniente, no tenía ánimo de ver las caras mustias de mis compañeros de trabajo ni aspirar sus alientos encebollados. Asco. Me harían un favor si me corrían.
Me quedé mordiéndome las uñas en el sillón; la vida me estaba valiendo pito, riata, toneladas de mierda. Recordé que a los 13 años intenté acabar con mi vida a lo Marilyn Monroe, pero… en mi versión me tomé una caja de analgésicos, lo que me valió un par de bofetadas de mi madre y una purga digestiva. No morí, aunque desde esa edad yo sentía que estaba muerta.
“Tengo hambre” recordé,
y fui al refrigerador donde había un ¿limón? seco y algo que parecía alguna vez haber sido queso. Decidí pedir pizza. Mientras esperaba intenté recordar cuándo había sido la última vez que probé bocado, mi refri llevaba vacío al menos una semana, creo que yo llevaba el mismo tiempo sin comer ¿qué?... Poke tampoco había comido nada pero dormía plácidamente en el sillón sin ningún reclamo. Extraño.
Me vi al espejo, me pareció ver un destello rojo en mis pupilas, me acerqué para ver mejor cuando tocaron la puerta: la pizza. Tomé el monedero y abrí la puerta.
Nos vimos durante un minuto interminable, yo hipnotizada, en trance, sintiendo cómo por mis venas y arterias la sangre corría más rápido, mis pupilas se dilataban y mis pies ya no tocaban el piso. Al reflejarme en su mirada me sentí llena de vida, de deseo. Es él, pensé.
Soy yo, dijo el repartidor.
Y me mordió el cuello haciéndome sangrar deliciosamente mientras se bebía toda mi sangre y yo experimentaba un orgasmo sin penetración. Gemí, y luego renací.
Había deseado toda mi vida morir y el repartidor de pizza me regaló la inmortalidad, que por cierto me resultó exquisita; por primera vez habité un cuerpo que no pesaba, que no demandaba, que no peligraba con deteriorarse o enfermar.
En mi nuevo estado vampiro exploré el mundo y todas las posibilidades que no alcanzamos a ver cuando solo tratamos de sobrevivir. Mi cuerpo entonces dejó de ser prisión y se convirtió en vehículo.
Hasta me aventé del paracaídas,
sin paracaídas.
Miré a Poke en el sillón, me pregunté si acaso ella también se habría convertido en gatita vampiro, porque haciendo un recuento, hacía tiempo no me pedía croquetas y me miraba distinto. Sospechoso. En ese instante bostezó y sus colmillos se alargaron hasta el suelo, luego saltó para atacarme.
Y desperté.
¡Fraude! ¡Estafa! Me palpo y me percato de que sigo siendo una humana que huele a miados porque no se ha bañado en varios días; Poke maúlla como loca exigiendo sus croquetas, todo fue un puto sueño si, como en las películas (me robé la idea de ahí).
Tocan: “Buenas noches, Domino´s pizza” ¡Oh! el repartidor de pizza, no recuerdo haber pedido pizza ¿o si? Abro la puerta, se quita la gorra y me mira a los ojos. Es él, pienso.
Soy yo, dice. Y me besa apasionadamente; nos desvestimos y tenemos el mejor sexo de mi vida; me deja sonriendo y llena de mordiscos, luego me guiñe el ojo mientras me anota sus datos en una servilleta. Definitivamente tendrá que repetirse.
“Tengo hambre” pienso de nuevo, pero veo la pizza y cierro la caja, no tengo apetito, tengo hambre.
Me meto a la regadera a quitarme la mugre de toda la semana, me pongo un vestido entallado y me largo a la calle a bailar salsa y a buscar peligro.
Poke explora la caja y olfatea la pizza, pero la deja intacta, en ese instante bosteza, sus colmillos se alargan hasta el suelo y después salta haciendo pedazos el vidrio de la ventana y escapa hacia la negra noche, a buscar peligro también.
Es que esta noche es nuestra, de las gatas y de las mujeres que bebemos sangre.
“Soy alguien que desde hace años anhela la muerte porque no encuentra su lugar en este mundo. Muchas veces me cuestiono si en verdad quiero morir, o es que simplemente aún no he aprendido a vivir”
Con cariño para MI


Wuuaalaaaaa me ha encantado la narración y la historia!! Te busco en Spotify,ya no te escapas 😋
Oohhh..! que loquera, total nadie comió pizza.. que bucle,..me hace pensar que el personaje despierta de un sueño para meterse en otro aún más loco...
__ buenísimo 👌🤯__