VIRGEN
-Me llamo Virgen y soy adicta al sexo.
-Bienvenida Virgen ¿cuéntanos qué te trae a este grupo?
-Pues, quiero dejar de coger…tanto ¿supongo?
-Claro, claro ¿te gustaría compartir tu historia?
Estoy sentada en un círculo con otros ocho. Mi olfato putón se activa y comienzo a detectar entre los compañeros a dos o tres que me parecen atractivos; si pudiera, me lanzaría sobre ellos ahora mismo, les quitaría la camisa y…
-Falta una persona más por llegar, viene retrasada, ¿por qué no nos cuentas un poco de ti, Virgen?
Cógetelos, a todos. Carraspeo. Doy un sorbito a la botella de agua que me regalaron al entrar, y comienzo a contarles que hace poco perdí mi virginidad, a mis cuarenta años para ser exacta.
Siempre me dijeron que coger estaba mal, que eso solo lo hacían las pirujas, pero un día entró un duende por la ventana y me vació un frasquito de putería en el oído.
Esa noche fue mi perdición: bailé, tomé y cuando acordé ya estaba en un motel arañándole la espalda a un desconocido del que no recuerdo el nombre. Mientras echábamos pasión alguien gritó ¡¡¡PUTA!!!! y me desconcentré. El fulano me preguntó si estaba todo bien, le dije que sí y seguimos besándonos.
¡¡¡GOLFA!!!! dijeron ahora. Volteé al techo y hacia todos lados, luego caí en cuenta que era la voz de mi madre, pero ella no estaba en el cuarto, estaba viendo “La Rosa de Guadalupe” varias cuadras adelante, y sin embargo, su vocecilla de vieja santurrona se había activado en mi mente de nuevo, como cada vez que había intentado esto en el pasado.
Pedí tiempo fuera para entrar al baño y despejar mi mente. En el espejo me saltó la imagen de mi mamá con su rosario: ¡¡¡ZORRA!!!
-¡Que te calles, vieja cabrona!, respondí dándole un puñetazo al espejo. Salí del baño echando fuego por las orejas y me le monté encima al desconocido. Lo besé apasionadamente, me deshice de la blusa y el brasier, rodamos por el colchón, él quedó encima mío y yo debajo, mirando hacia los espejos en el techo donde apareció de nuevo mi mamá santiguándose mientras me gritaba ¡¡¡ASQUEROSA!!! y además no venía sola, detrás estaban San Juditas Tadeo y el Arcángel Rafael como un par de guardaespaldas voyeristas.
Lancé un grito y me cubrí los pechos desnudos.
-Con un carajo pinche loca, dijo el fulano, tomó su camisa y se largó azotando la puerta
-Suficiente, vieja rancia; le dije a la nada, luego fui por uno de los cristales rotos en el baño y me lancé hacia el holograma de mi madre dispuesta a descuartizarla. Estuve un rato persiguiendo sombras, gritando, rasgando cortinas y colchas sin lograr asesinar a su reflejo escurridizo.
Tocaron la puerta y eso me sacó del trance.
-Room service.
Abrí y me le quedé viendo al chico que llevaba una charola con dos mojitos.
-Te regalo mi virginidad.
Aceptó sin pensarlo. Me cubrí los oídos con papel higiénico y comenzamos la función, nos desnudamos y lo dejé penetrarme por todos lados hasta que mis gemidos fueron apagando poco a poco la vocecita mustia de mi madre. Me perdí entre saliva, sudor y otros fluidos que emanaban de ambos cuerpos, me volví contorsionista y estrella porno en una noche, me desconocí a mi misma. Me gustó.
Así fue como en aquel motel barato perdí mi virginidad y alcancé varios orgasmos, dicen que hasta el pasillo se escucharon mis aullidos de loca.
-¿Satisfecha?, me dijo el chico del room service cuando terminamos.
Lo ignoré. Mis oídos trataban de encontrar los residuos de mi madre en aquel cuarto, pero la única respuesta fue el silencio. Por fin había matado a la mustia esa que desde pequeña me señaló, me castigó, prácticamente me secuestró y castró sin otra explicación que la misma que dan muchas madres torpes: “Lo hago por tu bien”.
-¿Satisfecha? Me pregunté a mi misma. Y decidí que no, que recuperaría el tiempo perdido cogiendo con todos y con todas. Así fue como luego me cogí al del taxi, a mi jefe y a su mujer, a mi casero y a mi primer terapeuta, al novio de mi mejor amiga, a mi mejor amiga; de hecho, ahora mismo estoy sintiendo unas ganas locas de quitarme el vestido y comenzar a…
-Gracias Virgen, por compartir tu historia, dice carraspeando la monitora. Oh, justo acaba de llegar la integrante que nos faltaba en el grupo. Hola Remedios, adelante, te estábamos esperando.
De pronto reconozco a la tal Remedios y el rosario que lleva entre las manos.
-¡¿Mamá?!


Y es que el hornito, que es mi alegría (también la marca de juguetes) , es pues de tan buena calidad , que si no lo usas, se mantiene esperando con el fuego contenido, esperando a que las puertas ya no jueguen a abrirse, sino que de verdad se abran para desatar su incendio , llamas y llamas de pasión tantas veces imaginada , si lleva rato contenido, y llamas y llamas de curiosidad si se está aprendiendo a nivelarlo.
Maravilloso tu texto.
Me gustó la forma en expresarlo, crudo sin dar explicaciones. A mi me paso algo así pero con la monogamia qué también estoy compartiendo de manera anónima en capítulos semanales